A
los 18 años decidió consagrarse a la pintura, dejando
por un tiempo el negocio
familiar de la tienda de antigüedades de su padre e iniciando un
recorrido por
Italia y el resto de Europa donde se empapó de lo que tanto deseaba:el
arte.
Ya de vuelta se dedicó a la decoración, plasmando en sus
creaciones todo lo asimilado
en su recorrido. Sin embargo, tocado por el soplo de los dioses, cerró
sus tiendas de
anticuario, renunció a sus trabajos de decoración, y cogió
el pincel para no dejarlo ya más.